domingo, 30 de septiembre de 2018


Diáspora de amor.






Ahora sé que no

existe el jardín

que alumbró mi primer amanecer.

Es una derrota indómita;

como el llanto insano

del neonato

que se aferra a una célula

que Hera desea yerta.


Es una felonía

a la gloria que encandiló mis días.

Ese ser hollado en el tártaro

que oye el siseo de cántaros

por hadas moldeados…

Y acribillados

por abstrusos duendes

en paz hipados.


Y  en ese intervalo

exangüe en aire

siento:                                                                                                                           
diáspora de amor.


Mi jardín

es el aerolito

que creí que salvaría

mi aura maldito.




Marisa Béjar, 23-12-2017.